Después de la tempestad viene la calma, dice el refrán. Y vino la calma: la metereológica y la futbolística. Quizás pensando que por ser de primer año los niños rivales, quizás porque el Cirera les ganó por 6-0 tres días antes, o porque no fue nuestro mejor día, o porque el equipo rival nos presionaban en la creación de juego, o porque yo sea demasiado exigente, pero fue un partido donde el juego no brilló demasiado.
Se marcó el primer gol en una saque de falta muy bien ejecutado que se remató en el segundo palo, entrando desde atrás. El segundo en una falta casi desde medio campo, donde los porteros de esta categoría están vendidos. Y así se llegó al descanso.
En el inicio de la segunda parte, y como el rival no llegaba, les facilitamos la cosas. Pita el árbitro el saque de inicio y a partir de aquí fuimos retrocediendo el balón hasta llegar a nuestra área, donde se controló mal el balón delante del delantero y cometimos penalti. Uno a dos y a sufrir.
Por suerte, casi en la jugada siguiente se marcó el uno a tres definitivo, dejando listo el partido. Pues el rival presionaba y presionaba (según mi apreciación con una intensidad y entrega física que no tiene nada que ver con la que actuó contra el Cirera) pero no creó ninguna ocasión de gol.
Y hasta la próxima semana en la que toca un hueso difícil de roer como es la Juventus.
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